CIS y cannabis: una combinación escasa

CIS y cannabis: una combinación escasa
CIS y cannabis: una combinación escasa | Foto EP

El Centro de Investigaciones Sociológicas es el organismo oficial e independiente “que tiene por finalidad el estudio científico de la sociedad española”, según sus palabras. Como tal lleva desde 1977 realizando encuestas periódicas para conocer qué piensa nuestra sociedad.

En todo este tiempo, el CIS ha preguntado a la sociedad española en muchas ocasiones sobre nuestra planta, pero casi casi siempre enfocándola como un problema social o de salud pública. Únicamente en tres ocasiones se ha optado por dar una mirada un poco diversa sobre el cannabis. Ello pasó en 1994, en 2018 y en 2021.

Antes de nada, una aclaración. El CIS realiza encuestas mensuales divididas en dos bloques: una batería de preguntas fija y otro conjunto de preguntas variable, que en cada ocasión se dedica a un tema de interés político o social. Son los llamados barómetros, y con ellos se pretende “tomar el pulso” a la sociedad española de un modo regular.

En noviembre de 1994, el barómetro incluyó dos preguntas (21 y 22) con varias opciones a responder: 

(…)personalmente, respecto a la venta de las llamadas drogas blandas (cannabis y derivados), ¿qué cree Vd. que debería hacer la sociedad? 

En ese entonces, un 59,2% optó por ”prohibir por completo su venta”. El resto de las personas encuestadas se decidieron por permitir su “venta en centros especializados” (15.8%), la “venta controlada en farmacias” (10.3%), la “venta libre a adultos” (7.9%) o la “venta libre sin ninguna limitación” (3.6%). 

Y respecto al consumo de estas drogas (cannabis), ¿qué cree Vd. que debería hacer la sociedad?

A esto, el 53.6% optó por “prohibir o castigar su consumo, incluso en privado”. Además, un 23.4% escogió “prohibir o castigar su consumo en lugares públicos”. Únicamente un 14.3% contestó “permitir su consumo libre a los adultos”, y un 3.9% “permitir su consumo sin ninguna restricción”.

La sociedad española en 1994 era de tendencia claramente restrictiva, tanto en cuanto a la venta (59.2% por la prohibición total) como al consumo (53.6% prohibir o castigar su consumo, incluso en privado). No hay referencia alguna al uso terapéutico del cannabis. Únicamente hay una respuesta que lo contempla, si bien de modo implícito (permitir la venta controlada en farmacias).

Ahora hagamos un salto de 24 años. En noviembre de 2018 el barómetro contempló otra vez dos preguntas (20 y 20a), esta vez de respuesta afirmativa o negativa:

(…)¿Está Ud. a favor o en contra de que en España se legalice la venta de marihuana en determinados establecimientos y en determinadas condiciones? 

El 47,2% contestó a favor.  El 41,6%, en contra. 

¿Y en concreto para el uso médico? 

El 84% contestó a favor. El 9,2%, en contra.

Estos 24 años no han pasado en balde. Se percibe un claro cambio en la sociedad española en cuanto al cannabis. Deja de ser mayoritariamente prohibicionista (59,2% a 41,6%). Ahora también se percibe un arrollador apoyo a la regulación del uso terapéutico (84% a favor), cosa que antes ni se preguntaba con claridad.  

Pasemos a la actualidad. En abril de 2021 el barómetro volvió a preguntar sobre nuestra planta (23 y 24)

(…)¿Está Ud. a favor o en contra de que en España se legalice la venta de marihuana en determinados establecimientos y en determinadas condiciones? 

El 49,7% contestó a favor. El 40,9%, en contra. 

¿Y para uso médico? 

El 90,1% contestó a favor. El 4,6%, en contra. 

En estos tres años el apoyo a la regulación del cannabis es aún mayor en la sociedad española (49,7%). En el caso del uso terapéutico es más patente si cabe (90,1%). 

Si bien es una muestra escasa, con esta información se puede afirmar que la sociedad española ha cambiado su percepción sobre el cannabis en estos 27 años, pues ha pasado de una posición claramente restrictiva en 1994 (59,2% en contra de regular su venta) a una en que la mayoría está a favor (49,7%  frente a 40,9%) de regular nuestra planta en 2021. Lástima que este pulso de la sociedad española no se corresponda con el pulso de Congreso y Senado, pues las personas que nos representan tienen una postura más restrictiva que la de la sociedad española en 1994.

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