¿Por qué algunas variedades de cannabis son moradas?
Las flores moradas de cannabis siguen llamando la atención. Destacan, se recuerdan y muchas veces se asocian automáticamente con más calidad. Pero la realidad es bastante más simple: el color no tiene que ver directamente con la potencia ni con el efecto.
El tono púrpura aparece por la presencia de antocianinas, unos pigmentos naturales que también están en frutas como los arándanos. Para que se expresen, hacen falta dos cosas: genética y condiciones de cultivo adecuadas.
Por un lado, no todas las variedades pueden volverse moradas. Solo aquellas con predisposición genética a producir estos pigmentos. Por otro lado, el entorno influye mucho. Temperaturas más bajas durante la floración, por ejemplo, pueden hacer que el verde de la clorofila pierda protagonismo y deje ver esos tonos violetas. Es decir, una misma genética puede verse completamente distinta según cómo se cultive.
Aun así, sigue existiendo la idea de que lo morado “pega más” o es mejor. No hay base para eso. El color no indica más THC ni un efecto más intenso. De hecho, forzar ciertas condiciones para obtener ese color puede incluso ir en detrimento de otros aspectos de la planta.
Entonces, ¿por qué sigue importando tanto? Porque una flor de cannabis morada es visual. Porque destaca. Y porque en muchos casos se utiliza como criterio rápido de elección. Pero centrarse en eso deja fuera lo importante, el efecto séquito: perfil de terpenos, cannabinoides y cómo interactúan entre sí. Al final, el color puede atraer, pero no explica la experiencia.
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