¿Adiós a “índica” y “sativa”? Un nuevo enfoque que está cambiando cómo entendemos el cannabis
Durante décadas, consumidores, cultivadores e incluso profesionales de la salud han dividido el cannabis en tres grandes categorías: índica, sativa e híbrida. Esta clasificación popular se apoyaba en rasgos visibles —como la forma de la planta o el tipo de efecto percibido— y se convirtió en un estándar cultural. Las “índicas” eran relajantes, las “sativas” estimulantes y las híbridas un punto medio.
Pero la ciencia moderna del cannabis está revelando algo clave: esta distinción no explica realmente los efectos ni la composición química de una planta. Hoy los botánicos, laboratorios y genetistas hablan cada vez menos de índicas y sativas, y más de genotipos y quimiotipos, un enfoque que ayuda a entender mejor cómo funciona realmente el cannabis.
La vieja clasificación: útil culturalmente, limitada científicamente
La división entre índica y sativa nació hace siglos, cuando exploradores y botánicos catalogaron plantas provenientes de zonas geográficas muy diferentes:
- Las índicas de Asia Central solían ser bajas, robustas y de floración rápida.
- Las sativas de África y el sudeste asiático eran altas, esbeltas y tardías.
Estas diferencias eran morfológicas, visibles a simple vista. Con el tiempo, la cultura cannábica asoció estas formas a sensaciones específicas: relajación para las índicas, estimulación para las sativas.
El problema es que estas asociaciones no siempre se cumplen. Hoy es frecuente encontrar “sativas” que relajan profundamente y “índicas” que estimulan, porque después de décadas de hibridación comercial, casi ninguna variedad conserva aquella pureza geográfica original.
La nueva mirada: genotipos y quimiotipos
A diferencia de la clasificación tradicional, el enfoque actual busca comprender el cannabis desde sus bases químicas y genéticas. Ya no se pregunta “¿es índica o sativa?”, sino:
- ¿Qué cannabinoides produce?
- ¿Qué terpenos predominan?
- ¿Qué circuito genético permite esa producción?
Esto es lo que se conoce como análisis de genotipos (lo que la planta es a nivel genético) y quimiotipos (lo que produce químicamente).
Se tiende a esta clasificación más rigurosa porque explica mejor los efectos reales. Por ejemplo:
- Una planta rica en mirceno (independientemente de si es “índica” o “sativa”) tiende a generar relajación.
- Una planta con alto limoneno suele asociarse a un efecto más estimulante.
- Y una genética con predominancia de THC tendrá efectos muy diferentes a una dominante en CBD, sin importar si crece como una “índica” visualmente.
- ¿Buscas energía? Revisa perfiles con limoneno y pineno, no “sativa” al azar.
- ¿Buscas relajación? Apunta a terpénicos como mirceno y linalool.
Entonces… ¿Desaparecen “sativa» e «índica”? No del todo. Siguen siendo útiles como referencias culturales y para describir ciertos rasgos de crecimiento en cultivo. Pero no deberían usarse como garantías de efecto.
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