Cuando hablamos de prohibición, muchas personas asumen que el cannabis se ilegalizó porque era peligroso. Pero la historia real es bastante más compleja —y bastante menos científica— de lo que suele contarse.
Durante siglos, el cannabis fue una planta agrícola y medicinal común en Asia, Oriente Medio y Europa. Incluso en Estados Unidos se cultivaba cáñamo industrial sin estigma alguno. El cambio no llegó por un descubrimiento médico alarmante, sino por un cruce de factores políticos, raciales y económicos a principios del siglo XX.
El antecedente brasileño: Río de Janeiro (1830)
Uno de los primeros casos documentados de prohibición del cannabis ocurrió en Río de Janeiro en 1830.
Ese año el ayuntamiento aprobó una ordenanza municipal que prohibía el uso de “pito do pango”, nombre popular que recibía el cannabis fumado en pipa.
La norma establecía:
- Multa o prisión para quienes vendieran cannabis.
- Castigo físico o cárcel para quienes lo consumieran, especialmente esclavos.
Este reglamento municipal está considerado por muchos investigadores como la primera prohibición legal específica del cannabis en el mundo.
Estados Unidos y la construcción del enemigo
El punto de inflexión fue la aprobación de la Marihuana Tax Act en 1937 en Estados Unidos. Esta ley no prohibía directamente el cannabis, pero lo hacía prácticamente inaccesible mediante impuestos y regulación extrema.
El contexto de esta regulación:
- Asociaciones del consumo con comunidades mexicanas tras la Revolución Mexicana.
- Campañas sensacionalistas que vinculaban marihuana con violencia y degeneración.
- Intereses industriales (papel, fibras sintéticas) que competían con el cáñamo.
El entonces comisionado del Federal Bureau of Narcotics, Harry J. Anslinger, lideró una campaña mediática basada en relatos exagerados y raciales. La narrativa era clara: el cannabis corrompía a la juventud blanca y era consumido por “minorías peligrosas”.
No había evidencia científica sólida. Había construcción de miedo.
La internacionalización del prohibicionismo
Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos exportó su enfoque prohibicionista al ámbito internacional. El momento clave fue la Single Convention on Narcotic Drugs, firmada bajo el paraguas de la United Nations en 1961.
Este tratado clasificó el cannabis junto a opioides duros, consolidando su estatus como sustancia peligrosa a nivel global.
Paradójicamente, esta decisión se tomó con evidencia limitada y sin el nivel de estudios clínicos que hoy consideraríamos necesarios.
¿Salud pública o control social?
Muchos historiadores coinciden en que la prohibición del cannabis fue menos una cuestión médica y más una herramienta de control social.
- Criminalización de minorías.
- Justificación de intervenciones policiales.
- Construcción de discursos morales sobre la juventud.
No significa que el cannabis sea inocuo. Significa que su ilegalización no nació principalmente de datos científicos, sino de dinámicas políticas.
En 2020, la Comisión de Estupefacientes de la ONU reclasificó el cannabis reconociendo su potencial terapéutico, debilitando parcialmente la narrativa histórica.
La pregunta ya no es cómo empezó la prohibición. La pregunta es por qué sigue.
